Escuela de Ejecutivos
Aprender es evolucionar
Es más que una convicción. Es una conclusión construida durante años de enseñar, aprender y trabajar con personas que dirigen y gestionan organizaciones de diferentes tamaños, historias, zonas geográficas y actividades.
Toda organización está hecha de personas. Y una sociedad está hecha, en gran medida, de organizaciones.
Por eso creemos que desarrollar personas mejora organizaciones. Y que mejores organizaciones contribuyen a construir una sociedad mejor.
Ese es nuestro compromiso. Es nuestro trabajo. Y nuestra pasión.
El conocimiento cambió de lugar
Cuando empezamos, en 1999, acceder al conocimiento era parte importante del problema.
Durante estos años eso cambió radicalmente.
La información y el conocimiento nunca fueron tan abundantes ni accesibles como lo son hoy. La tecnología responde, compara, calcula y propone.
Saber más sigue siendo necesario. Pero ya no alcanza. El desafío para quienes gestionan y dirigen se está desplazando.
El valor está cada vez más en comprender, distinguir qué importa, formular mejores preguntas, decidir y actuar.
En el criterio.
El criterio no se delega
La mayoría ya lo estamos experimentando: la inteligencia artificial cambió el escenario. Esta vez, de manera estructural y profunda. Puede buscar, comparar, calcular, producir, proponer y responder en segundos. Es una herramienta extraordinaria.
Y justamente por eso obliga a aprender a distinguir qué podemos delegar y qué no.
Podemos delegar algunas tareas. Podemos ampliar capacidades. Podemos apoyarnos en otra inteligencia.
Aunque se afirme lo contrario, no podemos delegar el criterio. Eso sería perder identidad.
La pregunta, el juicio, la decisión y la responsabilidad siguen siendo nuestros.
No se trata de competir con la inteligencia artificial. Se trata de aprender a usarla sin dejar de pensar, para potenciar nuestras capacidades. Por eso la incorporamos a la experiencia de aprendizaje: para ayudar a pensar, no para pensar en nuestro lugar.
No podemos delegar el criterio. Eso sería perder identidad.
Cambiar las herramientas. Cambiar la forma. Preservar lo esencial.
Hay, además, un desafío que conviene mirar con honestidad: el tiempo y la atención humana son recursos cada vez más escasos. Las expectativas de los alumnos también cambiaron: prefieren velocidad, agilidad y movilidad. Por eso la Escuela también cambia. Cambian las herramientas, los contenidos, los espacios y las formas de enseñar y aprender.
Lo hacemos por una razón: para abrir mejores posibilidades para enseñar y aprender.
Eso sí: lo esencial permanece.
La materia prima: la persona y su realidad
Nunca entendimos aprender como acumular conocimiento.
Aprender es poder hacer algo mejor con él.
Por eso, la realidad de cada persona es nuestra materia prima: sus decisiones, sus responsabilidades, sus problemas, sus oportunidades y el momento que está atravesando.
Los conceptos y las herramientas ayudan a comprender.
El criterio permite decidir.
La realidad pone a prueba la decisión.
La Escuela guía, apoya y acompaña.
Criterio, decisión y acción son de cada persona.
Una experiencia, tres roles
La experiencia que estamos construyendo ya no se organiza alrededor del profesor como protagonista. Se organiza alrededor del recorrido de la persona que aprende.
El profesor
El profesor aporta conocimiento válido: lo selecciona, lo organiza, lo explica y lo actualiza. Su función sigue siendo irreemplazable. Su perfil y su actividad cambiaron.
El mentor
El mentor acompaña el recorrido. Ayuda a relacionar lo aprendido con la realidad, formular mejores preguntas, revisar decisiones y sostener el avance. No decide por la persona.
El productor
El productor diseña y construye la experiencia: integra contenidos, recursos, actividades, tecnologías, secuencias y puntos de encuentro.
Profesor, mentor y productor son tres funciones diferentes, aunque las ejerza un mismo individuo. Trabajan sobre un mismo recorrido. La persona que aprende es el centro.
La persona que aprende es el centro.
Ahora estamos cambiando otra vez
Durante mucho tiempo, la educación se organizó alrededor de la oferta.
Había una edición.
Tenía una fecha.
Si te interesaba, te sumabas.
Estamos invirtiendo esa relación.
Hay algo que necesitás aprender.
Decidís dedicarle tiempo.
Y empezás.
Vos definís la necesidad y tu dedicación. La Escuela diseña y te propone un recorrido. Vos decidís cuándo recorrerlo. Y no lo recorrés solo.
Tampoco tenés que esperar a que un calendario decida cuándo podés empezar.
Se trata de construir una experiencia alrededor de la persona que aprende.
Eso es lo que estamos haciendo. Seguimos cambiando.
Porque las herramientas cambian. Las formas cambian.
Y aprender sigue siendo evolucionar.